Anna estaba allí, frente a Mikhail, sintiendo cómo su corazón latía descontroladamente en su pecho.
Las palabras parecían haberse desvanecido de su mente, dejándola atrapada en un mar de incertidumbre y ansiedad.
—Es que…—comenzó a decir, temblorosa y apenas audible, pero su voz se quebró antes de que pudiera formar una frase coherente.
Y cuando volvió a abrir la boca, Mikhail, con una mirada gélida que la atravesaba como una daga, alzó una mano, interrumpiéndola bruscamente.
—Olvídalo —dijo co