Los primeros rayos del sol se filtraban tímidamente por las ventanas del hospital, iluminando la oficina de Mikhail de manera casi irónica.
Mientras todo despertaba allá afuera, él seguía encerrado en una lucha que parecía no tener fin. Frente a él, los expedientes de Lucas y la lista interminable de llamadas que había hecho a varias instituciones en busca de un corazón compatible.
Una enfermera había entrado ya dos veces para recordarle que María insistía en que debía ir a ver al bebé. Sabía