¡Ayúdame!

A la mañana siguiente, la luz del sol que se colaba por los ventanales del penthouse me pareció ofensiva.

Desperté envuelta en las pesadas sábanas oscuras. Cada músculo de mi cuerpo dolía de una forma sorda y frustrante. Estaba exhausta, pero al mismo tiempo sentía una tensión residual corriendo por mis venas, un recordatorio físico de que Caleb me había llevado al borde de la locura solo para dejarme suspendida en el abismo.

Giré la cabeza. El lado izquierdo de la cama estaba vacío y perfectam
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