El vapor de la plancha siseó al entrar en contacto con la tela de algodón, elevando un olor a detergente barato y a humedad matutina que llenó la pequeña sala de estar. Alexandra presionó la plancha sobre el cuello de la camisa blanca, alisando cada arruga con una dedicación que rozaba lo obsesivo. No era seda italiana ni lino egipcio; era el uniforme estándar de la escuela primaria pública del distrito, comprado en una tienda de descuentos a tres calles de distancia.
Un pantalón azul marino y