El sol aún no había despuntado cuando Alexandra abrió los ojos. La luz grisácea del amanecer se filtraba por las rendijas de la persiana de plástico, dibujando franjas pálidas sobre el suelo de baldosas. El silencio de la casa era absoluto, interrumpido únicamente por la respiración acompasada de Damián en el colchón inflable contiguo.
Se levantó con cuidado, moviéndose despacio para que el crujido del plástico no despertara a su hijo. El frío de la mañana le erizó la piel de los brazos al sali