Las luces rojas y azules de las sirenas del FBI parpadeaban violentamente, tiñendo las paredes descascaradas del motel con un resplandor macabro.
—¡Tienen un minuto para salir! —la voz del agente resonó por el altavoz, cortando el sonido de la lluvia—. ¡Cualquier intento de fuga será respondido con fuerza letal!
El aire en la habitación 114 se volvió irrespirable. Mi corazón latía con tanta fuerza que amenazaba con fracturarme las costillas. Di un paso atrás, instintivamente buscando una salida