La calle 47 de Manhattan, conocida mundialmente como el Distrito de los Diamantes, era un ecosistema en sí misma.
A las nueve de la mañana, bajo un cielo encapotado que amenazaba con más lluvia, las aceras ya estaban repletas de comerciantes, tasadores y guardias de seguridad armados. Para la mayoría, este lugar representaba lujo y promesas de amor eterno. Para nosotros, esta mañana, representaba supervivencia.
Caminamos por la acera con la cabeza gacha. Caleb llevaba la sudadera gris y los vaq