Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana posterior a la rendición fue un despertar hacia una realidad mucho más fría que la tormenta. La luz de Nueva York se filtraba por las persianas, dibujando barras de luz sobre la piel de Alexandra, como si estuviera efectivamente tras las rejas de una celda de oro. Caleb no estaba en la cama, pero el calor residual en las sábanas y el perfume de su colonia impregnado en la almohada le recordaron, con una crueldad lacerante, que no había escap







