Mundo ficciónIniciar sesiónEl sobre de papel manila volvió a su lugar en el estante inferior de la caja fuerte, junto a los lingotes de oro y el resto de los secretos sangrientos de Caleb Pierce. Alexandra cerró la pesada puerta de acero y giró la rueda, escuchando el clic definitivo del mecanismo. No se llevó los documentos consigo. No los necesitaba físicamente; cada palabra, cada fecha y cada firma estaban tatuadas con ácido en su cerebro.
Se levantó de la alfo







