Perspectiva: Alexandra
El silencio en la finca de Westchester había dejado de ser un refugio para convertirse en un mausoleo.
Habían pasado tres días desde la tarde en el estudio de Valerian Frost. Tres días desde que los colores carmesí, oro y lapislázuli se mezclaron sobre mi piel bajo las manos de dos hombres que me amaban de formas diametralmente opuestas. En el momento, bajo la luz cruda de los tragaluces industriales, la coparticipación se había sentido como una epifanía. Había creído, en