Perspectiva: Alexandra
El estudio de Valerian Frost en Soho no se parecía a la galería fría de los Hamptons ni a su penthouse acristalado. Este espacio, oculto en el último piso de una antigua imprenta industrial, olía a óleo, a trementina y al perfume de maderas nobles que parecía emanar del propio aristócrata. Había lienzos apoyados contra las paredes de ladrillo visto, esculturas a medio terminar bajo sábanas blancas, y un piano de cola que dominaba el centro de la estancia.
Habíamos pasado