Perspectiva: Alexandra
El cristal de mi despacho parecía más frío de lo normal. Frente a mí, sobre la mesa de obsidiana, no había una propuesta de inversión ni un contrato de medios. Había un sobre Manila, desgastado en los bordes, que contenía la ruina de los Navarro.
Oliver Pierce no había sido sutil. La extorsión era elegante, casi quirúrgica, pero las consecuencias eran terminales. Documentos financieros de hace tres años. Irregularidades en los flujos de capital que Caleb había movido ante