126. UN ENCUENTRO INESPERADO
ALONSO:
Mariela, una sombra que nunca había despertado sospechas, permaneció a dos pasos detrás de Concetta, expresando una seguridad inquietante en cada movimiento.
—Sí, la ingenua hija de Agustino Balarte que buscó refugio en el probador para llorar y que lleva un tatuaje. Diletta apareció con su hermano y besó a Dante, así que es probable que ese incorregible donjuán esté jugando a dos bandas —dijo Mariela sin poder ocultar sus celos.
—Qué interesante. ¿Y Alonso no se presentó? —inquirió