68. ESPERA
Por un momento, el mundo parece detenerse. Todo lo que puedo ver es a mi suegro, su rostro lleno de dolor, y todo lo que puedo sentir es un miedo paralizante, el pánico se apodera de mí, y amenaza con consumirme.
—¡Eve…! No puedes dejarme, Evelin… —sale un rugido de mi pecho en lo que me desplomo.
—¡No, no espera hijo, no es eso! —, enseguida me dice mi suegro y me obliga a levantarme —. Ella no ha muerto, es…, es…
—¿Qué pasó entonces, señor Rossi? ¿Que tiene mi esposa? —pregunto apenas entre