27. DURMIENDO JUNTOS.
Después de despedirnos de papá, nos alejamos de él tomados de la mano y nos dirigimos al auto en silencio. Conduzco hasta llegar a casa y Gabriel me acompaña hasta mi habitación.
—Gabriel, ahora que mi papá está aquí, trae todas tus cosas y colócalas aquí —le digo señalando mi habitación.
—¿Aquí? —pregunta Gabriel sorprendido.
—Sí, si no lo haces, mi papá puede sospechar. Tenemos que mantener las apariencias y dormir juntos.
Tiene razón el señor Rossi, piensa Gabriel. No me gusta engañar a Ev