Gabriel se encuentra muy serio. El fiscal Casio lo llamó para que fuera más temprano al tribunal. Suspira al bajarse del auto y comienza a subir las escaleras rodeado de su seguridad. Ya hay unos cuantos periodistas que lo rodean e inician a sacarle fotos. Se apura en terminar de subir la larga escalinata. Al llegar a la oficina, enseguida lo recibe Casio.
—Buenos días, Gabriel, me alegro de que hayas venido —saluda el fiscal dando la vuelta a su buró para estrecharle la mano.
—Buenos días, fis