Voy a apretarte ese lindo cuello.
Emma recordó que escuchó un mensaje en su teléfono pero en ese mismo momento el cobayo comenzó a hacer ruiditos adorables y ella se quedó entretenida escuchándolo. Entonces no lo abrió, pudo ser el mensaje de su enfadado jefe.
— ¿Tú... Me enviaste un archivo? Debiste haberte equivocado, y enviárselo a otra persona, a mí no me llegó nada. — Emma negaba que algo le hubiese llegado.
— Dirijo una compañía internacional con cientos de empresas de las que me hago cargo, ¡¿De verdad estás queriendo