Los celos comienzan a surgir.
Las palabras del asistente, primero animaron al CEO. Pero después lo tiraron hasta el suelo. ¿Sería posible que Emma lo odiara tanto como para ponerle su nombre al cobayo? Si así era sabía que se lo tenía merecido.
Después de tomarse el café que tanto le hacía falta por la cruda fatal que se cargaba, salieron a reunirse con los socios.
— ¿Llevas ya los contratos que vamos a presentarles, Emma?
— Si, aquí llevo todo lo que vamos a necesitar. ¿Y... el asistente Rogelio no viene con nosot