Capítulo 95. Invitados a la boda.
Narrador.
Al día siguiente, Cristina estaba encerrada en su aposento; a duras penas se levantaba a servirle a Miguel, ignorando los gritos de Patricia, quien le ordenaba que le sirviera. Pero Cristina sentía que le dolía todo y estaba esperando recuperarse para irse a su casa. Estaba dispuesta a rogar a sus padres, incluso pedirles perdón de rodillas, porque después de ese amargo momento que pasó, siente que fue la vida dándole un castigo, y eso le dejó ver que debía cambiar para no ser víctima