Capítulo 100. Antiguo capataz salvaje.
Luego de esa charla y de haber almorzado, Pablo le pidió a Liseth dar un paseo por los alrededores y ella aceptó, sintiendo cómo el corazón le latía desbocado.
—Sabes, doctora malhumorada, yo nunca he tenido que pretender a ninguna mujer y menos permitir que la misma me rechace, que me pegue o que me dañe los neumáticos de mi auto —dijo Pablo con tono burlón, y Liseth quiso soltar un bufido, pero la risa no la dejó.
—Eres un idiota.
—Sí, pero uno muy guapo, admítelo —él se giró y la arrinconó c