CAPÍTULO 90. Cabalga, jaca.
—Pues guárdeselo. A mí no me comprará con dinero; usted pidió un pago de silencio con sexo, ahora también vamos mi compi y yo a exigir lo mismo —le dijo el hombre avanzando mientras ella daba varios pasos atrás.
—¿Qué más, aparte de dinero, está dispuesta a ofrecer? Pues bien, ofrezca —dijo el otro hombre también acercándose a ella.
Cristina miró a los dos hombrecillos como quien mira lo que acaba de caer del culo de un animal. No estaba segura de lo que le estaba proponiendo aquel sucio emplea