CAPÍTULO 20. Todos tienen algo que esconder.
Narra Orlando.
Sabía que Miguel empezaba a desconfiar de mí, y poco me importaba en realidad, pero lo que sí me alarmó fue esta necesidad de saber si la señora se encuentra bien. ¿Qué había pasado? ¿Y por qué seguía tan silenciosa? No había bajado a desayunar y me estaba matando no poder saber nada de ella.
«¡Joder, Orlando, debes controlarte!», pensé, a medida que introducía el cubierto en la frijolada, sin apetito de comer. Únicamente ganaba tiempo para verla bajar.
Mis planes siempre fueron