67. LA BRUJA.
Después de lo que hizo Valeska por mí, de aquella íntima y simbólica boda que fue solo nuestra, mi cuerpo y mi mente parecían haberse aferrado más a la idea de no dejarla ir. Pero también luchaba contra esa imperiosa necesidad de dejarla ser libre, ella tenía que ser y yo no podía actuar como habían hecho todos a su alrededor, manteniendola bajo un yugo de esclavitud y atada a la voluntad ajena.
Porque inclusive su abuela así lo hizo.
—Ivar —la anciana me llamó cuando estaba por salir de casa.