53. EL BAILE DE LA MUERTE.
Era una melodía fuerte, pero tranquila, poderosa pero agradable, casi parecía un fuerte susurro del viento en medio de una tormenta, los violinistas movían sus manos con ligereza y perfección, el pianista parecía que hacía danzar sus dedos sobre el teclado, las flautas dulces cantaban alegremente y el violonchelo le daba ese toque oscuro a la canción.
—Bailas muy bien —le dije a Ivar que no había dicho una sola palabra desde que comenzamos a danzar.
—No tanto como tú, es difícil seguirte el pa