12. EL TRABAJO DE VALESKA.
Había caminado todo el día, afortunadamente metí entre el bolso un par de tenis nuevos, de los que Ivar había comprado para mi y me permitían no estar tan adolorida de las piernas. Sin embargo pasaba el mediodía y el hambre me atacaba, pero tenía que seguir buscando un empleo, recorrer la ciudad y dejar curriculums por doquier parecía una buena idea esa mañana.
Esa mañana.
Mi mente seguía divagando y recordando esa mañana.
Cuando abrí mis ojos, lo primero que sentí fue su olor golpear directo