11. TE TENGO.
—Hola —le dije aún algo adormilado y me di cuenta que ya se había cambiado de ropa. Se veía jodidamente sensual, como para rasgar esos leggings de cuero y palmear ese firme trasero, la blusa era holgada y tenía impresa la imagen de una vieja banda de rock, su pelo en un chongo alto y mechones sueltos, le daban un aire juvenil que no había percibido.
—Ya tengo lista la cena, ¿puedes comer antes de irte?
—Valeska, no debes cocinar para mi. Si la despensa está llena es por ti —era la verdad, yo n