Capítulo 92. Una hija orgullosa.
Mía Soler
La luz tenue de la lámpara de noche dibujaba un círculo amarillo en la alfombra. Me quedé quietecita bajo las sábanas, respirando muy lento para que la niñera pensara que ya estaba dormida.
Escuché su silla crujir y luego el sonido suave de su respiración. Cada vez más profunda, más pesada.
Esperé un poquito más, contando en mi cabeza cómo hacía en la escuela: uno… dos… tres… hasta veinte.
Nada.
La niñera roncaba bajito, como un gatito cansado.
Me incorporé despacio. El corazón me lat