Capítulo 83. La molestia de Mía.
Amy Espinoza.
Él dejó la carpeta sobre la mesa baja de la sala, con la calma de quien mueve una pieza en un tablero de ajedrez. Se acercó hasta quedar frente a mí.
—Exactamente, lo que escuchaste —dijo, su voz grave, sin una sola vacilación—. Esta noche el apellido Velasco va a aplaudirte.
—¿Aplaudirme… a mí? —susurré, incapaz de disimular el temblor en mi voz.
Sus ojos, de un verde que parecía prender fuego al aire, me sostuvieron con una intensidad que me inmovilizó.
—Sí, Amy. A ti. La mujer