Capítulo 84. Una tregua con Mía.
Amy Espinoza
El tono de Mía fue un latigazo que cortó de golpe la burbuja de tensión entre Maximiliano y yo.
Su vocecita, normalmente dulce, sonaba ahora firme y vibrante, casi como un reclamo adulto.
—¡Llévenme! —repitió, apretando los puños y frunciendo el ceño, con la frente perlada de una obstinación que me resultaba tan familiar como inquietante, porque se parecía mucho a la expresión de Maximiliano.
Era la primera vez que mi tierna hija levantaba la voz así.
Yo, que había pasado el día co