Capítulo 82. Tú eres la artista.
Amy Espinoza
El beso no fue una disculpa. Fue una reclamación. Una marca de fuego que sellaba su arrepentimiento y su posesión en un mismo gesto devastador. Sus labios, firmes y exigentes, sabían a sal y a una promesa renovada.
Yo me aferré a su camisa, las manos aún temblorosas, pero ya no de rabia. Ahora temblaban por la intensidad de lo que sentía, por el vértigo de saber que este hombre, tan poderoso y tan vulnerable a la vez, podía sumirme en la furia más negra y luego disolverla con un s