Capítulo 38. No iba a repetir la historia.
Maximiliano Delacroix
El silencio en mi oficina pesaba más que el mármol de las paredes. La llamada de Velasco se había terminado, pero el eco de su nombre seguía repicando dentro de mi cabeza como un martillo.
Me quedé sentado en la butaca de cuero, con la ciudad desplegada al otro lado del ventanal. Las luces eran diminutas, como piezas de un tablero que podía mover a voluntad. Y aun así, esa invitación había logrado encender en mí algo más profundo: una alarma vieja, enterrada bajo años de c