Capítulo 37. La invitación del enemigo.
Maximiliano Delacroix
—Lo siento mucho, Amy, pero no tengo por qué darte explicaciones. El hecho de que te esté ayudando y estés viviendo en mi casa, no te da derecho a inmiscuirte en mis asuntos —siseé con firmeza.
—Lo siento —susurró ella y se quedó en silencio, la confusión temblando en sus ojos. La vi quedarse quieta, tragándose lo que quería decirme.
La vi allí con la confusión temblando en sus ojos. Se quedó quieta, luchando seguramente con las palabras que quería decirme, con esa expresi