Capítulo 35. Nada es tan simple.
Maximiliano Delacroix
Me quedé en el umbral, observando como madre e hija se fundían en un abrazo que parecía capaz de coser todas las heridas del mundo, después de su pequeño triunfo. Amy escondía el rostro en el cabello de la niña, temblando, y Mía reía con esa risa limpia que desarma cualquier muro.
—Mami… —La voz de la pequeña irrumpió en medio del silencio emocionado—. ¿Cuál es la canción que más te gusta?
Amy levantó la cabeza con los ojos aún brillantes, sorprendida por la pregunta.
—¿Mi