Capítulo 31. Un hombre oportunista.
Adrián Soler
El eco de las risas de Luciana aún flotaba en mis oídos cuando salí al balcón del penthouse. Ella se había quedado en la sala, hablando por teléfono con una de sus amigas frívolas, contando la misma historia por quinta vez. “¿Viste a Amy? Fue patético. Una vergüenza total”.
Yo, en cambio, encendí un cigarrillo y observé las luces de la ciudad extendiéndose como un tablero de ajedrez.
La imagen de Amy en ese escenario volvió a mi mente, nítida. No como la veía Luciana, una mujer rot