Capítulo 292. Dudas.
Pandora Collins
Después, Mía y yo nos quedamos sentadas en el piso, abrazadas, respirando ese silencio suave que solo aparece después de una verdad demasiado grande para una niña… y demasiado dolorosa para una adulta.
Ella jugaba con mi cabello, enredando los dedos como si así pudiera sostenerme un poquito más fuerte.
Yo intentaba no derrumbarme.
—Pandi… —dijo de pronto, sin mirarme—. ¿Tu bebé va a necesitar una cunita?
La voz se me quebró por dentro.
—Sí, supongo que sí.
—¿Y un cochecito?
—Tam