Capítulo 29. El rumor de la impostora.
Amy Espinoza
El beso fue breve, pero ardiente, como una chispa en medio de la oscuridad. No hubo dulzura, no hubo calma, fue un choque de emociones contenidas, de rabia, de necesidad, de todo lo que ninguno de los dos se atrevía a decir.
Cuando nos separamos, respirábamos entrecortados, como si hubiésemos cometido un pecado compartido.
Él me sostuvo la mirada un instante más, sus labios aún tan cerca que pude sentir el calor de su aliento.
No dijo nada. Yo tampoco.
El mundo se me quedó en sile