Capítulo 28. Tu talento sigue ahí.
Amy Espinoza
De pronto, Maximiliano estaba allí. Se subió al escenario con paso firme, me tomó del brazo y me obligó a mirarlo. Sus ojos verdes, intensos y desarmantes, me sujetaron con una fuerza que casi dolía.
—Basta —dijo, pero no a mí, sino al público entero.
El silencio cayó de nuevo, diferente esta vez. Su voz no admitía réplica.
—Esto termina aquí —sentenció, con una autoridad que heló las sonrisas y detuvo los cuchicheos.
Me condujo fuera del escenario, lejos de las miradas, i