Capítulo 284. El eco de un disparo que no me pertenece.
Edric Marlowe.
El silencio después de un acto irreversible… pesa distinto.
No cae. No golpea. Se instala.
Y eso era exactamente lo que tenía atorado en el pecho cuando sonó el teléfono del despacho.
No lo escuché como un sonido normal, me parecía un presagio de lo que vendría.
El padre de Maximiliano estaba a mi lado cuando lo atendí, con esa calma que solo un hombre que ya vio demasiados caos puede sostener.
Deslicé el dedo y coloqué el auricular en mi oído.
—Marlowe —respondí.
Del otro lado, una voz que intentaba sonar controlada… pero no lo lograba.
—Aquí capitán Orduña, de la División Federal. Hubo un incidente en la ruta del traslado.
Mi estómago se encogió.
—¿Qué tipo de incidente? —pregunté, aunque ya lo sabía. Aunque ya lo temía. Aunque lo había buscado.
Hubo un silencio. Un silencio que huele a sangre.
—Señor… el convoy fue atacado.
Cerré los ojos un segundo.
El padre de Max me observaba, sin parpadear.
—Continúe —dije.
—Los detenidos… fallecieron. Ambos. José Velasco y Aleja