Capítulo 285. El día que la justicia llegó con otro nombre.
Maximiliano Delacroix
El apartamento estaba en silencio.
No un silencio normal. No uno de esos que acompañan la calma o el descanso.
Un silencio distinto. Duro. Tenso.
Amy estaba en la habitación, acostando a Mía para la siesta. Mi padre había salido a Argentum hace media hora y mamá había ido a visitar a una amiga. Yo estaba en la sala, leyendo un libro.
Mi cuerpo aún dolía. Pero me sentía mucho mejor. Las heridas habían comenzado a cicatrizar y cada respiración me recordaba que seguía vivo de