Capítulo 283. El hombre que corrige sus propios errores.
General Augusto Montenegro
La llamada de Edric Marlowe no me sorprendió.
Me molestó. No por el contenido, sino por lo que implicaba.
Yo había dejado cabos sueltos. Yo había permitido que esos dos hombres, Alejandro y José Velasco, siguieran respirando.
Y eso… eso era inaceptable.
La voz de Edric había sido precisa, sin adornos.
“En un par de horas se entregan a José Velasco y Alejandro a las autoridades. Haz lo que tengas que hacer.”
Colgué sin responderle más. No necesitaba detalles. Necesitaba hechos. Averiguaciones
Encendí mi terminal militar portátil. No estaba conectada a ninguna red oficial; era un dispositivo sombra, sin registro.
Ingresé coordenadas, solicité rutas, activé protocolos de rastreo.
Tardé menos de un par de minutos en localizar la ruta donde iba a dirigirse la caravana: tres camionetas federales, dos motos, un vehículo de escolta adicional.
Ruta rápida. Carretera despejada. Demasiado perfecta para ser coincidencia.
—Idiotas… —murmuré.
La perfección siempre es una