Capítulo 27. Fracasada.
Amy Espinoza
Él exhaló hondo, como si luchara consigo mismo, y en el último instante giró apenas el rostro, dejando que su boca rozara mi sien en lugar de mis labios. Ese roce fue peor que un beso: delicado, ardiente, cruel en su contención.
—Pero aún no es el momento —susurró contra mi piel.
Yo cerré los ojos, respirando con dificultad, como si el mundo hubiera cambiado en un segundo.
Cuando volví a mirarlo, sus ojos ya no eran verdes, encendidos. Se habían teñido de un azul profundo, tranqui