Capítulo 26. No dejes que te vean débil.
Amy Espinoza
Las palabras de Maximiliano seguían martillando en mi cabeza como una campana imposible de apagar: “mi prometida”.
Era un eco que no me dejaba pensar, que me quemaba más que las miradas curiosas de todos los presentes.
Cada paso que daba junto a él se sentía como si estuviera atravesando un escenario improvisado. Los invitados nos seguían con la vista, algunos murmuraban, otros nos observaban con una mezcla de asombro y envidia.
Podía leerlo en sus rostros: unos querían verme caer