Capítulo 258. Cuando el cuerpo cede, pero el alma no.
Amy Espinoza
Las dos horas que prometió Villalba sentí que pasaron como si fueran semanas.
Era como si el tiempo hubiera decidido torturarme de otra manera: no con silencio… sino con expectativa.
Cada segundo se estiraba, pesado, como si tuviera piedras colgando de los minutos.
Mía ya estaba despierta, sentada entre Adrián y yo, con su peluche contra el pecho. Me miraba cada cierto tiempo para asegurarse de que yo todavía estaba allí. Era impresionante lo mucho que un niño podía entender sin qu