Capítulo 236. El alivio de Max.
Maximiliano Delacroix
A mi petición, aparecieron los bomberos y un personal de rescate, comenzaron a trabajar rápido.
El agua golpeaba los restos calientes, levantando vapor blanco. Cada chorro apagaba un poco de fuego, pero no devolvía nada de lo perdido.
Yo no podía quedarme quieto. Caminé hacia lo que quedaba de la entrada principal, buscando cualquier rastro humano.
El guardafangos quemado en manos de los técnicos me quemaba la memoria.
—Señor, llegaron las retroexcavadoras —avisó un guar