Capítulo 237. Presentimiento.
Maximiliano Delacroix
Me acerqué despacio, como si cualquier movimiento brusco fuera a romperla. Ella tenía los ojos llenos de lágrimas secas, como si hubiera llorado sin hacer ruido.
—Amy, mi amor, ¿Estás herida? —pregunté.
Ella negó con un movimiento pequeño.
—No… estoy bien… dejé la camioneta en la casa. —Su voz salió baja, temblorosa—. Salí a comprar algo de comer, iba hacia un mini-market en la vía principal. Pensaba tomar un taxi para regresar a Argentum y darles una sorpresa… pero en la