Capítulo 23. Bajo las luces equivocadas
Amy Espinoza
Nunca me había puesto un vestido como ese. Ni siquiera en mis inicios como cantantes.
Lo saqué de la caja que Maximiliano había mandado al vestidor con la etiqueta de un diseñador que solo había visto en revistas. Seda color esmeralda, con un corte perfecto que abrazaba mi cintura y caía hasta el suelo con una elegancia que no era mía.
Me miré en el espejo y tuve que parpadear varias veces. Esa no era Amy Espinoza, la mujer que habían dejado por otra y que había vendido su guitarra y su teclado porque no tenía donde quedarse. Esa era otra. Una versión de mí que no sabía si debía existir.
Cuando abrí la puerta, Maximiliano estaba esperándome en el pasillo. Sus ojos recorrieron mi silueta con una calma que me hizo sentir desnuda a pesar de estar cubierta de seda y una leve expresión de admiración en su mirada.
—Estás lista —dijo simplemente.
Ni un cumplido exagerado, ni un halago barato. Solo una afirmación que me hizo temblar más que cualquier piropo.
Antes de que pudier