Capítulo 220. Ella no confiaba en nadie.
Adrián Soler
La carretera era una línea negra deformándose frente a nosotros, y el coche parecía estar aguantado por puro milagro. El volante vibraba, la carrocería temblaba, y el olor a caucho quemado empezó a colarse por las rendijas del aire.
Yo escuchaba dos cosas: el latido frenético de mi corazón… y la respiración temblorosa de Pandora a mi lado.
El guardia que conducía tenía los ojos clavados adelante, sudando como si sostuviera el mundo entero con las manos.
—Rueda trasera derecha compr