Capítulo 202. Alguien siguiendo sus pasos.
Adrián Soler
Salí a pie al final de la tarde, impulsado por una necesidad visceral de espacio y silencio.
No tenía ganas de conducir, de encerrarme en la jaula de acero y vidrio oscuro de mi coche, ni de ver mi propio rostro pálido y marcado reflejado en ella. Solo anhelaba respirar un aire que no supiera a presión, a cámaras ocultas, ni a la culpa pegajosa que se me había adherido a la piel.
El día estaba gris, plomizo; parecía que el cielo mismo cargaba con el peso de los problemas de los ho