Capítulo 152. Tú estás en cada verso
Amy Espinoza
El atardecer cayó sobre Los Ángeles con esa luz dorada que parece inventada para los días importantes.
Desde la ventana del coche podía ver cómo el cielo se encendía en tonos de miel y fuego, mientras los carteles luminosos anunciaban lo inevitable: mi noche había llegado.
Y en medio de ese vértigo, el Teatro Dolby se alzaba como un gigante, esperándome, majestuoso, imponente, vestido de luces.
El corazón me latía tan rápido que sentía que iba a escucharse por encima del motor del