Capítulo 148. Éramos indestructibles.
Amy Espinoza
Una hora más tarde, estaban en el desayunador de la cocina, los tres. Maximiliano, le había dado el día libre al personal de servicio, sus padres habían salido temprano y solo estábamos nosotros tres.
El aroma a café recién hecho se mezclaba con el de las tostadas y la risa de Mía.
El sol entraba por las ventanas, iluminando los rizos castaños de Mía. Era una mañana tranquila, de esas que huelen a hogar, a principio, a calma después de la tormenta.
Mía hablaba sin parar mientras un